Escrito por:
Juan David Macuace Torres
Activista Antirracista y LGBT
Estudiante de Historia y Geografía. Miembro de la Tonga C.N.O.A. Afrovallecaucana por la Vida.

Poco antes de la pandemia me encontraba camino a mi universidad en la ciudad de Cali, por la calle de la clínica Valle del Lili. Iba en mi caminar cuando de repente escucho que una mujer me llama insistentemente y cuando decido voltear a ver qué sucedía, me percato de que no son una, sino dos mujeres negras, bastante oscuras, que me estaban llamando desde un puesto de frutas que había pasado caminando hacía poco. Al acercarme, la mujer que me estaba llamando me pregunta lo siguiente:

Ella: mijo disculpé, ud ha pensado en dejarse crecer más el cabello? -solo puse cara de desconcertada-

Ella: es que su pelo es muy pero muy bonito, si decide dejarlo crecer, ¡viene y me lo regala porque es muy bonito oyó!

Yo: jaja, muchas gracias, me halaga mucho. Pero ud también puede dejarse crecer el suyo y usarlo, su pelo también es hermoso, no tiene que usar el mío.

Ante mi respuesta, aquella mujer me mira con cara de asombro, y retira un poco el turbante que llevaba puesto para mostrarme un poco de cabello, el cual presumo era de textura 4C (está textura es la más prieta de todas las texturas de cabello afro) y me dice lo siguiente:

Ella: “¿ud cree que esto es cabello?”

Guarde silencio. Quedé fría. Reaccione y atine a decirle los siguiente:

¿Ud sabe porque la gente negra hoy es libre?, ella algo curiosa me dice que no. Fue entonces cuando le dije que su cabello tiene una importancia histórica. Le conté la historia de aquellas mujeres negras cimarronas y libertas que en la colonia muy audazmente se trenzaban la ruta de los pueblos palenqueros en donde habitaban otros negros libertos, y que solo era posible llegar a la libertad gracias a esos mapas en sus cabellos, a las semillas y oro que en él escondían para poder hacer prosperar esos lugares. Le dije que, gracias a su cabello, hoy en día todas las personas negras, tuviéramos la textura de cabello que sea y la tonalidad de piel que sea, éramos libres gracias a ese pelo prieto, afro, chontudo.

Ella solo me dijo algo asombrada que no conocía esa historia.

Le dije que, gracias a su cabello, hoy la gente negra era libre, que yo no pudiera ir camino a la universidad si no fuera por ese pelo considerado históricamente feo y maldito. ¡Qué no dijera que su cabello era feo, porque su pelo es poder y resistencia!

Ante mi respuesta, ella solo me miró con una pequeña sonrisa en su rostro como queriendo decir “ajá”, y en ese momento caí en cuenta de que seguía siendo yo, con un cabello rizado/ondulado socialmente más aceptable, a quien la sociedad le da más derecho a ser “natural”, y ella seguía teniendo el cabello históricamente excluido y marginado. Es decir, seguía siendo yo desde mi ventaja de textura, diciéndole a una mujer oscura que su cabello también era bonito.

No puedo decir que nunca he recibido burlas o comentarios incómodos sobre mi cabello, pero tampoco puedo negar que son muchísimos más los comentarios que recibo en donde se me dice que mi cabello es muy bonito. Sé que mi respuesta tal vez no fue la más acertada, aunque sentí que debía decírselo, tal vez no tanto para ella, pero si algún día ella decide contarle esta historia (nuestro pequeño encuentro) a alguna niña negra de su entorno, ya sea hija, sobrina o vecina, espero que esta historia ayude a esa niña que está comenzando a pensar que su pelo es feo, que esté también tiene una gran importancia política e histórica digna de ser contada, ya que ese pelo “feo” nos dio la libertad de la que tanto disfrutamos hoy.

La Editorial C.N.O.A., es un canal de comunicación abierto del pueblo Afrocolombiano, Negro, Raizal y Palenquero. Los artículos publicados aquí manifiestan las opiniones de sus autores/as