Escrito por:
Jhassy Rodriguez

Economista, Especialista en
Gerencia de Proyectos

“Si pensamos que para entendernos a nosotros mismos es útil conocer lo extraño, ver que otros pueden vivir —a veces mejor— con costumbres y pensamientos diferentes, debemos concluir que esta estrategia de ocultar lo distinto es un modo de confirmarnos ciegamente en lo que somos y tenemos” (Canclini,1996, p. 22)

Para empezar  es importante anotar que el carácter neoliberal del Estado no impacta positivamente las comunidades Afrocolombianas en la medida que va en contravía de sus sistemas autóctonos de relacionarse además que socava sus propiedades de escrituración colectivas con el otorgamiento de licencias mineras, así mismo cuenta con concepciones distintas, dado que las comunidades creen en una idea de etnodesarrollo y el Estado en una de crecimiento, que no han podido encontrarse en el camino para generar beneficios a los más vulnerados. Así mismo las riquezas derivadas de la explotación de sus recursos no se quedan en dichas comunidades lo que hace que se encuentren cada vez más inconformes con esta dinámica económica.

Lo descrito anteriormente especifica como aspectos del modelo neoliberal del Estado colombiano implica la vulneración de derechos y el desarrollo de prácticas democráticas insanas, sin embargo, algunos teóricos especifican otros aspectos que pueden ser causantes de la desconexión y con ello de las falencias que como Estado presenta. Uno de ellos es el relacionado con la multiculturalidad la cual representa un reto para constitución de Estado y que esto impide la construcción de una identidad colectiva a partir de reforzar símbolos que fortalezcan el sentimiento de pertenencia (Oszlak, 1978)

La constitución colombiana de 1991 reconoce que “Colombia es un Estado pluriétnico y multicultural” visibilizando la existencia en el territorio de varios grupos étnicos que aportaban riqueza cultural, no obstante, algunos teóricos argumentan que el carácter plural y multirracial dificulta la unidad, por concebir que hay cosmovisiones distintas acerca de lo que se debe hacer y el horizonte que deben seguir. Lo anterior presenta una dificultad, el consenso necesario para dar legitimidad al Estado colombiano que permita que este pueda ser garante del orden social derivándose posteriormente en problemas de gobernanza y falta de participación.

Es de anotar que la falta de participación de las comunidades Afrocolombianas es resultado de una estrategia sistemática, la cual cosiste en desconocer sus estructuras organizativas ancestrales, invisibilizarlas y ocasionar una ausencia de aspectos identitarios que favorezcan la movilización social de las comunidades.

En el Estado colombiano no hay una clara intención de conversar con las comunidades afro y garantizar la participación democrática, comprendiendo sus propias formas de organización y representación; y el ejercicio de incluirlos en su concepción de democracia, socava la motivación y los procesos propios de los pueblos, porque los fracciona obligándolos a asumir dinámicas de relacionamiento verticales, no los conciben como sujetos productores de realidades culturales diversas y sus culturas como procesos creativos en permanente construcción, deconstrucción, definición y redefinición de identidad, conocimientos y ciudadanías (Ibáñez, Díaz, Druke, & Rodríguez, 2012) en donde dichas ciudadanías solo toman valor cuando se ponen al servicio de la comunidad, y más cuando la comunidad ha sido una de las más  golpeadas en las dinámicas de centro periferia que se han dado en el país, relegándolas a vivir en la precariedad.

Tal como lo especifica Mainwaring y Perez-Liñan (2015) la democracia colombiana podría considerarse como estancada, en la medida que si bien los derechos de la oposición no son abiertamente minados, si se limita el ejercicio de los derechos ciudadanos de poblaciones consideradas vulnerables, tales como las comunidades afros en donde hay municipios sin logística para instalar mesas de votación tales como los caseríos Atrato arriba en el departamento del Chocó, violando su derecho constitucional a la participación.

 El régimen político colombiano aún genera limitaciones a la participación derivado de la violencia generalizada y el control de los grupos al margen de la ley, los cuales tienen una fuerte injerencia en la política que hace que grupos étnicamente diferenciados que históricamente han sido excluidos, no se sientan con la motivación de participar, por considerar que todo ha sido arreglado a la conveniencia de terceros y que no hay transparencia electoral. Adicional a ello se evidencia una coerción en algunos territorios, en donde los pobladores son obligados a votar con amenazas de atentar contra sus vidas si no lo hacen.

Con todo lo expuesto anteriormente se evidencia que, en Colombia, políticamente aún persisten dinámicas de mantener un estatus quo en el cual los grupos étnicos solo sirven para la base, la cual se encarga de sostener el sistema a partir del miedo la desesperanza y los votos.

 Si se concibiera la democracia como lo plantea Mainwaring y Perez-Liñan (2015) se podría afirmar que en Colombia aún no se alcanza el ideal de ser un país completamente democrático, dado que la manera en la que son elegidos los jefes no es libre y justa, porque existen especialmente en las comunidades Afrocolombianas elementos coercitivos de la toma de decisiones, si bien los electores son ciudadanos mayores de edad, no están protegidos sus derechos sociales porque 10 viven en condiciones precarias, ni en sus derechos civiles porque en algunos de sus lugares de asentamiento no cuentan con los elementos para llevar a cabo elecciones. Develando así externalidades y un proceso democrático que se ejerce con limitaciones, adicional a ello, se concibe que los ciudadanos son personas informadas y formadas para la toma de decisiones racionales, lo cual es complejo si las necesidades básicas son insatisfechas y hay está un déficit en cobertura y calidad en esos sectores.

Se construye una idea que después de todas las limitaciones es posible tener oportunidades de ser escuchados y de ascender en términos de escala social y con ello obtener una mejor calidad de vida, dado que el tema del populismo es visto como un intento de actualización del poder, con todos los aspectos positivos y negativos asociados al mismo, y dicho intento “refleja” una suerte de promesa colectiva, en donde se garantiza la democracia, es el nosotros que transciende a los individuos, y los integra con fines sociales y comunitarios, que se espera que beneficien a la mayoría Casullon (2014).

 En el tema de la participación, el concebir las sociedad como lo es, plural, tiene como consecuencia la necesidad de contar con un sistema representativo que lo refleje y que permita que en el escenario confluyan todas las alternativas de la sociedad, dado que como lo especifica la constitución (1991) en su artículo 133: “los miembros de cuerpos colegiados de elección directa representan al pueblo, y deberán actuar consultando la justicia y el bien común” y al representar el pueblo es necesario que se cuente con representaciones de todos los grupos que la componen.

 Conclusiones

  • El carácter neoliberal del modelo colombiano tiene un gran impacto en el desmejoramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos en especial de aquellos que como las comunidades Afrocolombianas no se encuentran priorizados en la agenda por lo que al final se convierte en una bomba de tiempo dado que estos grupos van a presionar el statu quo que ellos quieren implantar afectando su posibilidad de perpetuarse en el poder.
  • Más allá de ser el carácter multirracial el causante de la falta de unificación del Estado en el caso colombiano, se debería analizar como la incapacidad de hacer cumplir las normas, de llevar a cabo un asertivo ejercicio del poder y de incluir de manera adecuada las necesidades de las comunidades étnicamente diferenciadas, debido a un desestimulo de la participación, serían los verdaderos causantes de la falta de unificación.

Referencias

Canclini, N. G. (1983). Las políticas culturales en América Latina. Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, (7), 18-26.

Casullo. (2014). ¿En el nombre del Pueblo? Por qué estudiar al Populismo Hoy. Revista Posdata: Revista de Reflexión y Análisis Político, 19(2), 277-313

Ibáñez, Díaz, Druke, & Rodríguez. (2012). La comprensión de la diversidad en interculturalidad y educación. Convergencia, 19(59), 215-240.

Mainwaring, & Pérez-Liñán. (2015). La democracia a la deriva en América Latina. Revista de Reflexión y Análisis Político, 20(2), 267-294.

Senado de la Republica de Colombia. (1991). Constitución Política. Bogotá.

La Editorial C.N.O.A., es un canal de comunicación abierto del pueblo Afrocolombiano, Negro, Raizal y Palenquero. Los artículos publicados aquí manifiestan las opiniones de sus autores/as