Mili Pardo Piñeres
Palenquera socióloga
Miembro de la Tonga C.N.O.A
Cesar

Con este relato autobiográfico intento dignificar los esfuerzos y las formas de existencia y re-existencia de muchas mujeres palenqueras que dedicaron toda su vida a la venta de dulces y frutas como mi aguela Antonina. Contrario al imaginario colectivo que le asigna una intención estrictamente cultural y de disfrute opcional a la venta de dulces, esta dinámica económica del pueblo palenquero refleja las limitaciones históricas de las mujeres palenqueras frente al acceso a derechos esenciales como educación y trabajo digno. Dinámica que a la fecha ha provocado afectaciones físicas y de salud mental a las abuelas.  Estoy segura que si ellas hubieran podido elegir habrían estudiado y ejercido sus profesiones para su sostenimiento económico. Esto es en memoria de todas las ancianas y abuelas palenqueras que dedicaron toda su vida transitando calles pregonando dulces y frutas.

Mequejo, Barranquilla, Colombia.

5 de febrero del 2020 
12:05 am

No sé, amo esto que está sucediéndome. Cada vez que escucho a una mujer palenquera hablar se me vienen un diluvio de ideas, sueños que anhelo poder realizar. Epifania, Alicia, Corina, Vicky, Antonina gracias, gracias, gracias por el camino que trazaron. Se conmueve mi alma. Pienso y siento en la soledad, el dolor y los vacíos de Epifania, Alicia y Antonina, la vejez, sus enfermedades, las memorias del dolor como realidades que puedo palpar. Hoy entendí que nada viene por sí solo, que camino sobre el trabajo, las lágrimas, las luchas de las abuelas, de mi abuela. Alicia habló sólo 15 minutos con Antonina y pude ver su brillo, su alegría, una sonrisa se dibujó en su rostro al verme, al saber que soy nieta de su amiga de toda la vida. Me hincha el alma haber llevado risas, recuerdos, aunque tristes algunos, a su noche de martes. No lo esperaba, no sabía que la encontraría y ahí estaba su rostro con pliegues de piel, sus ojos bordeados de color azul cielo, su peinado casual y su mejor vestido: su sonrisa. Pienso en que ya casi se va, en que quizás en cualquier momento su cuerpo quede inmóvil. Viuda y sin su hija, su mayor orgullo murió y con Juana Pabla se fueron muchas de las fuerzas de Alicia, enfermó más. Salir de casa no le apetece, se siente ignorada por todos en casa por eso traté de hablarle todo el tiempo que pude sobre lo valiosa que es y lo importante que ha dejado su existencia en la tierra, en mi vida, en la de mis hermanas, mis primas, agradezco a dios por su vida, por su sacrificio, por su amor para con los suyos al nunca rendirse. Gracias Alicia, no hay nada que yo diga o escriba que pueda alcanzar para exaltar tu vida, ser mujer palenquera es sinónimo de lucha, de poder y determinación.

Todas lloran y se duelen por sus muertos y solo pienso en esos anhelos cumplidos que las puedan hacer felices en sus últimos años de vida. Darme cuenta que todo este tiempo he caminado sobre la ruta que abrieron Antonina, Alicia, Corina y Epifania con sus puncheras en la cabeza, es demasiado, me conmueve el alma ver que sus nietxs pasen por su lado sin besarlas en la frente, sin abrazarlas, sin preguntar ¿cómo estás? sin mimarlas, sin escucharlas. Quizás este rumbo que comencé escuchando sus historias, conociendo sus dolores, sus dolencias y sus profundos recuerdos no termine aquí.

PH: Mili Pardo

Espero hacer algo pronto, hacer que ellas se encuentren entre ellas, que hablen de lo grandiosa que fue su vida, de lo fuertes que han sido y de cómo el mundo que suele odiar a mujeres negras, con pelo rucho y que hablan en otra lengua no alcanzó a aniquilarlas, aunque las dejó malheridas, un poco incompletas, ellas viven, resisten, en medio de esa quietud de la soledad y del olvido de casi todos, menos de mí. Ahora no las saco de mi mente ni un solo día que pasa, las recuerdo y sólo deseo que pase la pandemia para ir a verlas, para reunirlas, ponerlas a bailar bullerengue y sexteto tabalá como tanto les gusta. Que sus memorias perduren en la humanidad, porque levantaron familias enteras a costo de pregonar sus dulces y frutas caminando calles soleadas, empedradas. Algunas salieron de casa y no regresaron, o no pueden caminar, otras están ciegas y cansadas.

Por ellas, para ellas, mi vida y militancia.

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