Por: Ekobio Neil Alfonso Quejada Mena

La Guardia Cimarrona es un mecanismo de auto-cuidado y protección de la ancestralidad, para defensa del territorio, con el fin, de mantener la autonomía en los Consejos Comunitarios del pueblo Afrocolombiano.

El origen de las Guardias Cimarronas se remonta a la memoria del legendario pueblo de San Basilio de Palenque, corregimiento del municipio de Mahates, ubicado en el departamento de Bolívar, cerca de la ciudad de Cartagena, que en los tiempos de los gloriosos el rey Benkos Biohó y su esposa, la reina Wiwa, forjaron en el siglo XVII la hazaña del Primer Pueblo la Libre de la América Colonial, un lugar alejado de las colonias al que los esclavizados africanos escapaban (cimarrones) para vivir en libertad, con autonomía y gobierno propio.  Por lo anterior, San Basilio de Palenque en 2005, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) lo declaró Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad

La Guardia Cimarrona, como expresión de la Justicia propia Afrocolombiana, se fundamenta en la Constitución Política de 1991, en la cual se reconocieron los derechos particulares de los grupos étnicos del país, y dio paso a la Ley 70 de 1993. Logro importante del pueblo afro como sujeto étnico, reglamentación del derecho a la titulación colectiva del territorio y de los Consejos Comunitarios, como forma de organización y su administración autónoma del territorio.

La Guardia Cimarrona, más allá de un bastón ancestral de autoridad, posee dos armas trascendentales para cuidar de la comunidad:  la coherencia de vida y la Palabra dialogada.

Por eso un guardián o guardiana cimarrón ejerce su autoridad comunitaria con el ejemplo. Por eso es el primero en colaborar en la solución de los conflictos, en demostrar amor hacia lo propio, en agarrar con humildad una pala, el machete, el rastrillo o una escoba para barrer el pueblo, lidera acciones de auto cuidado de la Casa Común (territorio) y anima los procesos de integración social.  

Otra experiencia exitosa en el país, además de la Guardia de Palenque de San Basilio, es la Guardia Cimarrona del Norte del Cauca; cuya lucha por la resistencia y dignidad de sus integrantes, trasciende las fronteras locales, ya que es un proceso departamental organizado en varios Consejos Comunitarios de la región, con el apoyo del Proceso de Comunidades Negras y la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca, son considerados como agentes sociales y de transformación del país.

Estas inspiradoras experiencias, han promovido una alianza entre los consejos comunitarios de Urabá, quiénes con la asesoría y acompañamiento la Corporación Centro de Pastoral Afrocolombiana – CEPAC, se fortalecen organizativamente. En la actualidad, mediante un convenio de apoyo del Programa Justicia para una Paz Sostenible – JSP, trece (13) Consejos Comunitarios de Urabá (Mutatá, Chigorodó, Carepa, Apartadó y Turbo) se fortalecen en la administración de Justicia Propia Afrocolombiana para trascender desde los “amigables componedores” (promotores de la solución pacífica de conflictos) a la  propuesta de creación de una guardia cimarrona para la protección del territorio en el ejercicio de la autonomía y en articulación con otras instituciones administradoras de justicia.

En la zona de Urabá, esta experiencia tendría como punto de partida las acciones que ya ejercen, desde los reglamentos internos y juntas directivas, los consejos comunitarios para el control social, la protección de los bosques, en especial para frenar la tala indiscriminada del mangle, la regulación de la pesca y propiciar la sana convivencia de la comunidad con el territorio.