El pueblo afrodescendiente lleva a cuesta una historia trágica, monstruosa, de violaciones que durante siglos ha trascendido a sus nuevas generaciones. Crímenes de lesa humanidad, han marcado a este grupo poblacional siendo despropiados de sus comunidades, de sus creencias, espiritualidad, religiosidad, de su cultura, sus familias, su lengua, enfrentado desafíos y estereotipos sociales en territorios desconocidos.

En Colombia la esclavitud y sus efectos, siguen invisibilizando al pueblo negro, afrocolombiano, raizal y palenquero, en cuanto a la garantía de los derechos económicos, sociales, culturales, políticos y ambientales, que promuevan una sociedad más justa y equitativa.

La esclavitud y la trata transatlántica, han dejado grandes secuelas representadas en la ausencia y el desconocimiento desde la historia del aporte del pueblo afrocolombiano a la construcción de país. Hemos tenido grandes liderazgos retando el sistema en el que se encontraban, ayudando al reconocimiento social como ciudadanos, también es importante resaltar que en las mujeres los impactos desproporcionados a causa de la explotación se evidenciaron de manera diferencial.

En esta historia nuestros referentes en la búsqueda de la libertad y la reivindicación de los derechos no solo fueron hombres, también se registraron casos de luchas emprendidas, dirigidas por mujeres en el intento de redimirse de su condición de esclavas mediante vías legales y así contrarrestar los diferentes abusos, arbitrariedades, violaciones, muertes y sometimientos.

La Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas-CNOA, hoy 25 de marzo en el día internacional de rememoración de las víctimas de la esclavitud y la trata transatlántica de esclavos, trae a la memoria dos mujeres negras valientes que en la historia de la rebelión se destacaron por la lucha de la libertad y la de sus hijos, la dignidad, y el respeto por la vida.

Por un lado, Agustina (1795). Una mujer negra esclava en Tadó- Chocó, una mujer que gozó de gran belleza, despertando la lujuria del esclavista Miguel Gómez quien la asedió, utilizando la coerción y la amenaza. Ella quedó embarazada, fue obligada a abortar, y sometida a la tortura física. Agustina demandó a su amo, pero la justicia falló a favor del esclavista. En respuesta a tan grave injusticia, la valiente mujer se vengó de los opresores y del círculo del poder, incendiando varias haciendas y factorías de Pueblo Viejo, hoy llamado Tadó.

Por otro lado, CATALINA (1574). Llamada “Mulata” fue una mujer zamba (hija de madre indígena y padre africano) quien registraba como esclavizada de Juan de Ortega. Ella presentó una demanda para probar que era una mujer libre y que por consiguiente sus hijos Juan Bonifacio y Baltasar también deberían ser considerados libres. Catalina justificó su demanda en la necesidad de prevenir la reducción de ella y sus hijos a la condición de esclavos. Pese a ser zamba, se declaraba negra atezada. Por su color, madre e hijos estaban en peligro constante de ser esclavizados.

Finalmente, resaltamos que las mujeres en los procesos de libertad, no siempre fueron sumisas y débiles, por el contrario, ayudaron a sacudir las bases de la esclavitud; eliminando imaginarios en torno a las clásicas concepciones de mujer y resistencia. Por ende, como convergencia seguimos trabajando con miras a políticas publicas incluyentes que garanticen la erradicación de las nuevas formas de esclavitud y sus secuelas de racismo y discriminación racial